La noche estaba llena de luceros,
mas para la familia, nada había,
apenas un pesebre que tenía
en las cuatro paredes agujeros.
Eran dos peregrinos, sin senderos,
que habían caminado todo el día,
y era tal el cansancio de María,
que bendijo encontrar tibios aleros.
Por eso, al llegar la Navidad,
te remito de nuevo mi tarjeta,
que reclama, con paz, humanidad.
Y los hombres de buena voluntad,
no deben olvidar lo que el profeta,
les pidió con martirio y caridad.
Navidad 1989.