Virgen india, señora sin medida,
madre dimensional de Guatemala,
raíz y floración de nuestra vida
y estrella de humildad que nadie iguala.
En tu maternidad de alto renombre,
la existencia se entrega en azucenas,
Dios puso el corazón de cada hombre.
Tú llevas en los ojos por divisa
un mensaje de amor universal,
verdadero pregón de humanidad.
De ahí que se eleve tu sonrisa,
acaso porque acunas en tu chal,
un niño hecho paz de eternidad.
Navidad 1966.