¡Y otra vez Navidad!, quién lo dijera.
El alma florecida de alegría
quisiera que al llegar el nuevo día,
todo fuera un cantar de primavera.
La vida se hace noble y lisonjera,
cuando la dulce voz, en lejanía,
nos anuncia la nueva epifanía y
el mandato de amor que regenera.
Y es entonces que el mundo canta y llora,
pues el hombre ha venido para amarse
y dar su corazón, hora por hora.
Y esa fue la misión de aquel Mesías:
sufrir en la cruz hasta inmolarse,
¡y Cristo esta en la cruz todos los días!
Navidad 1972.